En internet existen múltiples formas de acceder a la información. No solo se utilizan dispositivos dispares para conectarse a internet sino que también hay multitud de canales de comunicación para interactuar con otros usuarios. En este maremágnum de pantallas y de posibilidades comunicativas la identidad digital queda diluida en perfiles de redes sociales, blogs y webs de cualquier tipo que requieren un esfuerzo estilístico para ser usados adecuadamente.
Además, como muchos medios son nuevos, o relativamente nuevos, y dinámicos (aparecen nuevas formas de comunicación casi cada día), no es fácil conocer las reglas del juego en cada una de ellas.
Twitter puede ser el mejor ejemplo de la mezcla de estilos de escritura que se dan en internet. En esta red social hay personajes populares al alcance de un tuit y se puede intercambiar con ellos un mensaje con un registro informal y cercano sin llegar a ser vulgar.
Sin embargo, como marca o medio de comunicación puede resultar contraproducente dirigirnos a otros usuarios con un tono informal. En internet, como en cualquier otro ámbito de la vida, hay que separar el uso profesional o personal que le demos a nuestra identidad digital y saber elegir las palabras asociadas a un estilo u otro.
Como indica la profesora Concepción Martínez en el libro Lengua española y comunicación, el registro coloquial se emplea en situaciones de gran proximidad entre los interlocutores y es el más frecuente es la conversación oral espontánea; mientras que el registro formal se usa en situaciones en las que existe algún tipo de jerarquía entre los participantes, muy frecuente en los textos escritos.
Además, en internet el registro informal o coloquial presenta una gran carga oral que repercute directamente en la elección de las palabras que usamos. Las redes sociales son un claro ejemplo de esto, en las que usamos emoticonos y modificamos las letras para reflejar nuestro estado de ánimo en el mensaje.
Aunque se puede ser más proclive a emplear un estilo coloquial en la red, hay que saber cambiar de registro cuando la situación lo requiera. Sin ir más lejos, en el trabajo cuando nos dirigimos a un cliente a través del correo electrónico queremos transmitir una imagen de seriedad. En este caso adoptamos un estilo formal en la escritura del mensaje para salvaguardar nuestra credibilidad.
Entre ambos extremos estilísticos hay posibles opciones intermedias que dependen del tema o de la relación con la audiencia. Esto se puede apreciar en la escritura de blogs, que suelen dar pie a una escritura flexible y espontánea. Un autor de un blog debe considerar qué lenguaje y tono usa para dirigirse a sus lectores y saber hasta qué punto se puede permitir un registro más o menos informal. La atención que le demos al registro que adoptamos en internet en función de la situación comunicativa nos ayudará a hacernos entender y a conseguir nuestros objetivos. Entre tantos canales de comunicación, no debemos olvidar ser capaces de activar los mecanismos lingüísticos necesarios para ajustarnos a las reglas del juego de cada uno de ellos.