Dicho de forma muy simple, la arquitectura de la información se ocuparía de preparar un sitio web para que la información que contiene sea encontrada por el usuario que la necesita. Obviamente, está íntimamente relacionada con el diseño de interacción, que se ocupa de cómo usar esa información.
Bajo este propósito tan claro y simple, hay un sinfín de técnicas y tecnologías posibles que permiten al arquitecto de la información desarrollar su trabajo. Pero básicamente debemos tener en cuenta que la arquitectura de la información debe ayudar al usuario potencial de un sitio web a encontrar lo que necesita en el menor tiempo posible, y de forma que satisfaga su necesidad, incluso cuando no sepa definirla mediante palabras en la caja de un buscador.
Y este es el quid de la cuestión, cuando se trata de pensar en cómo organizar los contenidos de un sitio web: ¿Quién va a ser su usuario? ¿Cuál es su edad? ¿Conoce mucho la temática del portal? ¿Tiene claro lo que busca, o todavía está en la fase de recorrer el portal a ver si encuentra «un libro para la playa que me guste»?
La estrategia que sigamos para preparar un sitio web dependerá mucho de la naturaleza de ese sitio y de la de sus usuarios potenciales. Pero básicamente, y como ya mencionan los gurúes del tema, algunas de las actividades que se integran bajo el paraguas de la arquitectura de la información incluirían sistemas de:
- organización del contenido
- navegación
- búsqueda
- etiquetado
Si nuestro sitio es muy pequeño puede no necesitar sistemas de búsqueda, pero sin duda, deberemos cuidar la organización del contenido, la forma en que vamos a encauzar la navegación por ellos y cómo vamos a etiquetarlos.
Por «etiquetar» los contenidos se entiende en inglés «labeling» o «labelling», y no «tagging», que es como se suele traducir. Este «labelling» implica pensar en cómo denominar una sección, un artículo, un nombre de producto, para que sea encontrado por aquel usuario que lo busca.
La teoría subyacente se basa en gran parte en Peter Pirolli, investigador de Xerox, quien acuñó los conceptos de la «Information Foraging Theory», por el que sabemos que los usuarios prefieren una organización del contenido que minimice la cantidad de tiempo y de esfuerzo de atención invertidos en obtener esa información, y de «Information Scent», que asume que la percepción del usuario al juzgar enlaces u otros elementos de navegación debe ser óptima para que el tiempo de decisión y esfuerzo de elección sean mínimos.
Es decir, que en la medida de lo posible debemos conseguir que se encuentre lo que se necesita con el menor esfuerzo, y que además, al ver un enlace, este se identifique con lo que estamos buscando.
Por ejemplo, todo el mundo entenderá qué va a encontrar al hacer clic sobre Cómo resolver el cubo de Rubik. Cuando llegue a la página de destino verá la información que espera y habrá satisfecho su demanda de información, le hemos ahorrado un tiempo precioso y hemos ganado un usuario feliz.
Así que, como vemos, la arquitectura de información abarca desde los problemas globales de la organización de contenidos de todo el portal, hasta detalles como el ejemplo anterior, que a su vez, redundarán en una mejor organización global de los contenidos. Y si lo unimos mediante un buen maridaje con otras disciplinas como el diseño gráfico, la accesibilidad, etc., obtendremos una experiencia de usuario óptima.